Mis silencios apenas son percibidos por el ruido que emana tu vida, lo sé, hoy y siempre mi existencia no es más que nada para ti... te es más fácil pasar por mi lado ignorándome, abrazando a otra, besando otros labios que sabes bien no llenan, ni quitan el sabor agridulce que los míos sellaron el último momento en el que nos separamos.
Sí, ya no es necesario armar el teatro, fingir que nuestros destinos jamás se cruzaron en el devenir, jamás me conociste ni en tu vida me juraste amor... yo por mi parte me quedo acá, sin prisas, como siempre, como todas las veces que me tomabas y dejabas a voluntad... pero esta vez ya no espero que regreses con el rabo entre la cola a pedir perdón, ya no tengo las ansias de que me tomes y dejes como a un guiñapo... ya todo lo que respecta a ti me da igual... si vives, si me quieres, si me culpas de tus cargos de conciencia, puedes hacer y pensar lo que quieras... pedir perdón, rogar y pregonar que esta será la última vez que me ignoras de esta manera, ya no te creo...
Se me cayó la venda que cegaba mis ojos, esta vez observo tu esencia tal y como es en realidad, sin la magia que el amor ejercía sobre mis sentidos obligándome a pintarte como una deidad de los mitos que los griegos creaban para explicar su existencia. No eres más que yo, eres un ser humano que como todos falla, hiere y es lastimado... no eres el ser alado que una vez pensé serías... quizás seas único ( y gracias al cielo lo eres), pero eso no siginifca que sin ti se acaba la vida.
Ahora importo yo... porque después de mí... ya no hay nada, la vida es demasiado corta como para seguirla desperdiciando en lágrimas e inútiles esperas que no llevan a nada. Ahora me toca irme.






